Carta a Miguel Ángel Blanco

Querido Miguel Ángel,

 tú no me conoces a mi pero yo a ti sí. Soy uno de los muchos españoles que te conocimos en circunstancias trágicas. Igual que otros momentos en la historia, todos recordamos dónde estábamos y qué hacíamos aquel aciago día de tu secuestro a manos de los terroristas de ETA. Yo tenía 20 años y estaba de monitor en una colonia de los escolapios en Cercedilla. Tengo grabada en mi retina la escena de estar todos los monitores con el café atragantado aquel 12 de julio viendo a todas las televisiones del país con la misma imagen pidiendo tu liberación. No pudo ser. No quisieron. Eras demasiado valioso. No tuvieron la valentía de devolverte vivo.

Después de 10 años las cosas andan un poco revueltas por España. Ni tu aniversario es capaz de hacer que los políticos dejen a un lado sus posiciones interesadas en pos de un recuerdo sentido y merecido. Es realmente devastador ver las imágenes de la división en una fecha como esta. ¿Qué estarás pensando tú desde tu nuevo hogar?

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Es curioso lo poco que es consciente uno de lo que vale su vida y de lo que puede aportar a una sociedad. ¿Quién te iba a decir ti cuando decidiste presentarte a una elecciones en Ermúa que ibas a ser objetivo terrorista? ¿Quién te iba a decir a ti que tu muerte sería el despertador decisivo y taladrante de una sociedad adormecida? ¿Quién te iba a decir a ti que ibas a ser una página trágica pero importante de la historia de un país, de tu país? Cuando uno abre una puerta nunca sabe adónde le puede llevar. Cada decisión es importante. Única. Crítica. Importante.

La función de la política es mejorar la vida de los ciudadanos. No se entiende la política sino es desde el servicio. Tú lo debiste de entender así. Por eso quiero expresarte, desde aquí y un poco tarde, mi agradecimiento por tu decisión valiente. Es importante ver que hay gente que es capaz de vencer las dificultades y los miedos en pos de servir, de ser útil. Es muy importante comprobar que nos podemos mojar más de lo que lo hacemos. Es importante conocer también que, lejos de las ingenuidades, las consecuencias a veces son devastadoras. Yo sigo teniendo miedo.

Tu heroicidad no es tanto haber muerto asesinado. Tú no lo pediste. Ni lo asumiste. No es tu final lo que para mi es heroico sino tu decisión primera. Nos equivocamos teniendo como héroes a los que son presa de terribles consecuencias. No es héroe el que mal acaba sino todo aquel que decide empezar. Y eso me llena de optimismo y esperanza. Porque sigue habiendo gente comprometida. Sigue habiendo gente interesada en los demás. Sigue habiendo gente que se complica la vida. Son anónimos y quizá no pasen a la historia porque felizmente sus consecuencias no sean de portada de periódico pero son los héroes que levantan y sostienen nuestra sociedad día a día. Tú estás entre ellos y sé que estás de acuerdo con este recuerdo.

Miguel Ángel no tengo mucho más que decirte. Que eres de esos a quien me gustaría abrazar. Tal vez algún día lo haga. Mientras tanto intentaré poner mi granito de arena. Tu ejemplo es mi esperanza.

Un abrazo muy fuerte

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Acerca de Santi Casanova

Nacido en A Coruña. Generación del 76. Ingeniero de formación y educador de profesión y vocación. Un privilegiado.

2 Respuestas a “Carta a Miguel Ángel Blanco

  1. Noe

    Gracias por tus palabras, por rememorarle.
    Yo también recuerdo donde estaba aquel día (en Becerril). A todos nos dejó, de alguna manera marcado aquello.
    Es díficil, peor creo que es neceario que sigamos creyendo en la justicia.
    Un abrazote.

  2. Muy bonita tu carta. Realmente ese momento marco un antes y un después en la sociedad de este país. En aquel entonces yo tenía 11 años y creo que fue la primera vez que esta banda terrorista llegó a mi vida (la conocí o tuve refencias suyas). En todas las televisiones, los periódicos, la radio hablanban de ese momento. Todo el país se paralizó y estábamos con el alma en vilo.
    He oído en varias ocasiones una pequeña frase:

    “La libertad de uno, termina dónde empieza la de otro”

    Si esta frase la pudieramos plasmar en nuestra sociedad, seguro que nos iría mucho mejor.

    Un abrazo

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