El arco iris de los Escolatrios

Cuenta una leyenda que hace muchos, muchos, muchos años, existía en la noble y doctorada ciudad de Salamanca, un grupo de hombres y mujeres que pasaban sus días, y sus noches, a la caza de arco iris. En la ciudad se les conocía con el nombre de Escolatrios.

Los Escolatrios eran personas diferentes a las otras personas y, a la vez, tremendamente parecidas a todas ellas. No destacaban por nada especial, ni sobresalían por su porte ni por su clase; en cambio, el aroma que dejaban a su paso distaba mucho del que dejaban otros. En sus bolsillos no portaban oro ni plata, sin embargo, siempre llevaban de sobra para repartir a todos los niños y las niñas que, al verlos venir, se agolpaban a su alrededor. Sus caras, de una belleza común, pasaban desapercibidas los domingos de sol y misa, en la Plaza Mayor; aunque los que habían tratado con ellos decían que nunca les habían visto tristes. No vivían juntos y cada uno guardaba su casa a la mejor manera. Eso sí, compartían la vida y no había uno de ellos que no hubiera sembrado una pequeña semilla propia en la vida de los otros. Los Escolatrios bailaban todos los días, ya lloviera, ya resplandeciese el sol. Los Escolatrios eran, sin duda, las más especiales de las personas comunes.img-20161121-wa0033

Se cuenta que en el grupo reinaba la diversidad, la sana diferencia, la variedad de dones y gracias y que, con maestría, sabían ellos adecuarse unos a otros sin que, nunca, al menos que se sepa, tuvieran graves desencuentros o rupturas irreconciliables. Los Escolatrios eran altos y bajos, finos y gruesos, rubias, morenas, calvos y de castaño oro. Los había con gafas y sin ellas, tímidos y exuberantes, tiernos y avasalladores, con voz dulce y con truenos en las cuerdas vocales. Gráciles y patosos, más o menos graciosos, de insultante osadía y de cauta prudencia. Era, para que nos entendamos, un pequeño universo lleno de estrellas brillantes, cada una a su manera, mas todas portadoras de luz.

Cuentan aquellos que oyeron la original historia, que los Escolatrios salieron en grupo a cazar, en una ocasión, un pequeño pero lindo arco iris, que ponía uno de sus pies en Peralta de la Sal y el otro en un perdido pueblo de los Pirineos. Allí marcharon tras entrenarse y prepararse durante días, con el fin de conseguir la preciada presa y de mostrarla, orgullosos a toda la ciudad de Salamanca. Lo que se encontraron obligó a cada uno a dar lo mejor, a descubrir rincones olvidados de sus almas, a sacudirse la pesada carga de la vida adulta que, autoritaria y convincente, se había hecho con el lugar a costa del niño que a todos habita. Los Escolatrios supieron plantar batalla.

Luis, Elena y Mª Jesús llamaron a la verdad honda del ser humano y le contaron al arco iris que, en la vida, no es todo color, ni tampoco sombra. Se descubrieron familia y sacaron lo mejor de ella en los momentos más delicados. Elena es, sin duda, la más guapa de la casa, tal vez porque no se lo cree. Mª Jesús ve lo bueno de la gente y sana con la paz que sale de su boca. Luis acepta sin entender y sabe convertir en palabras los más largos de los silencios.

IMG-20161121-WA0034.jpgSusana no es María pero es virgen como ella. Es virgen porque está disponible, porque no le dice no a la vida, porque sus ojos sonrientes siempre son hogar para las buenas noticias.

Mª Ángeles, Begoña, Eli, Rosa, Saray, Casandra, Sonsoles… hicieron de lo cotidiano un lugar sagrado. Llamaron al arco iris a golpe de normalidad, de fidelidad, de saber celebrar aquello que merece la pena, de saber acompañar en lo malo… y también en lo bueno. Mª Ángeles es una caricia de niño, de esas que saben a poco siempre. Begoña sube el tono de la vida y la coloca a una altura certera, con seguridad pausada y necesaria firmeza. Eli sabe ver sin abrir los ojos porque confía en que nada malo pasará. Rosa es la cautivadora imagen de la sencilla mirada que, tras negruras y cestos, guarda secretos que salvan. Saray es la que busca y encuentra, la niña curiosa que destapa la magia a fuerza de ponerse sombreros de copa. Casandra es aire indomable, cálido e inquieto; picante que despierta gustos dormidos. Sonsoles se ríe y la humanidad respira creyendo que la esperanza todavía no ha sido secuestrada.

Noelia y Loreto hicieron del servicio su mejor arma y demostraron que no es mejor quien preside sino quién sirve. Noelia es la palabra justa, amable, linda hasta decir basta, que sabe contar la vida en su plenitud desde su corazón alegre. Loreto es la creatividad que nos habita, el trazo que da forma a la idea, la que nos puso bigote y nos vistió de fiesta.

img-20161121-wa0031Andrés, Quique, Juanmi y Ángeles le contaron al oído al arco iris que los reyes que mejor gobiernan son aquellos que buscan consejo y que los líderes que necesitamos son aquellos que unen y llaman a la misión. Andrés manda y mucho, porque calla, otorga, cuestiona con tino y sabe situar en el centro, ante todo, lo bueno de todos. Quique sabe que los escuderos deciden batallas y que la derrota no es tal mientras la bandera no sea arrebatada; su ánimo inquebrantable es el mejor estandarte del mundo. Juanmi es consejo medido, voz modulada, palabra que brota en el momento justo, que burla la temeridad y que sosiega a los corazones indecisos. Ángeles es noble, lo era y lo será, porque su corazón no conoce otro idioma, porque conoce al Señor al que sirve.

Estíbaliz, Rosana, Cris, Dori y Cris molestaron al arco iris sacando al cielo más colores que él mismo. Porque no hay Pirineo que no escalen, baile que no bailen, rosa que no cultiven, niñez que no conozcan, ilusión que no les pertenezca, sabor que desconozcan. Han sido la cumbre, el pico, la gloria. Estíbaliz es la anti-moza que enamora detrás de unas gafas que la protegen del viento frío de la montaña. Rosana  es munición pesada, granada de mano, tsunami, vendaval, torrente y huracán. Cris y Cris se llaman igual y se completan con acierto; siendo una un enjambre inquieto de fantasías y la otra la eterna musa del misterio del que hablan los zorros y las rosas. Dori es descanso en el camino, agua cuando la fatiga llega en el camino, mano abierta, presencia sincera de mirada rebelde mas verdadera.

Javi lo volvió a hacer, poner la voz al Santo, dibujar rostro a aquel por cuyo rostro los niños se agolpaban en las nuevas escuelas de Roma. Javi es el que nos llevó con magistral mano del escolapio al escolatrio, del que lo da todo por los niños en la escuela al que ha descubierto en un teatro de escuela cómo darlo todo. Javi siempre puede, porque se lo propone y porque nos enseña a todos en este grupo que nada hay escondido que no pueda ser hallado.

Y Raúl, el que no se ve pero sin el que nada sería posible, el que no tiene necesidad de actuar porque el suyo no es un papel… él es así y, por eso, es escolatrio. No sabe más que salir de sí y darse sin reservas, calladamente, intentando no levantar la voz ni llamar mucho la atención. Él es el fruto que brota callado del árbol y que alimenta al que lo necesita.

img-20161121-wa0060Y, por último, la leyenda cuenta que en los Escolatrios crecían ya valerosos guerreros, comunes y fuera de lo normal. Eran escolatrios hijos de escolatrios, que conocían, por tanto, de qué iba eso de cazar arco iris, desde que eran bebés. Su mirada era su prueba y su valor se demostró con creces en esa misión. Ellos era el orgullo de sus padres, sus tesoros más preciados, ellos eran aquellos por los que valía la pena dar la vida sin importar las consecuencias. Llegaron con fuerza y con descaro, haciendo tambalear los sólidos pilares del grupo. Sacaron sus cabezas entre los escolatrios mayores y burlaron las serenas certezas de los adultos que iban por delante. E hicieron bien, porque ellos son así y porque, así, necesitan todavía aprender a ser.

Alba es niña de mirada pícara, mucho más guapa de lo que se cree y de sonrisa juguetona; un tesoro escondido, una perla sólo al alcance de quien sepa ir más allá de sus ojos bonitos. Claudia es niña de certera puntería, pulso firme y personal destreza; un tesoro de lindos ojos claros que sospecha el valor de lo que tiene y que lo defiende sin vacilaciones. Marina es niña de preciosa sonrisa, de corazón grande y alas capaces de subir allí donde otros no llegan; un tesoro que juega al escondite, rico en gestos y en santa locura. Álvaro es niño de corazón dócil y disponible, siempre presto a la ayuda y de gran bondad; un tesoro al que se llega con el lenguaje de la paz, un tesoro de ojos bonitos y tiernos.

Los Escolatrios cazaron el ansiado arco iris pero como ellos son así, decidieron soltarlo una vez lo habían conseguido. Como Ulises, ellos saben que es el camino el que enseña y que Ítaka no es más que la recompensa del que decide salir e intentarlo.

Esta noche el cielo pinta de otro color y, en algún lugar del planeta, un niño recibe con esperanza la buena noticia de que el mundo es hoy, sin duda, mejor.

Un abrazo fraterno a todos

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Una nana para la rosa

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Mi rosa no está en su mejor momento. Yo la riego, la pongo al sol, cambio el biombo de orientación varias horas al día… pero no consigo que recupere su vigor y ese rojo vivo que tantos insectos atrae al final del día.

Ella, cada mañana, despereza sus pétalos lentamente, como si una invisible capa de aire pesara sobre ellos, me mira y me dice que puede, que no me preocupe, que sabe lo que le pasa y que espera en unos días estar mejor. Pero no es posible no preocuparse por ella. ¿Cómo puedo hacer eso?

Intentaré que el agua esté más fresquita, que los rayos del sol lleguen a ella con más suavidad, que el biombo la deje ver más allá de las estrellas y que piense que nada de eso es por ella. Y por las noches, mientras intenta dormir, le cantaré una nana desde el rincón más escondido de mi pequeño planeta.

Sigamos, amigos, sigamos…

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La luz tenue de mi habitación, tímida y atrevida, me invita a no cerrar los ojos sin saborear la palabra de la noche: GRACIAS.

Sin saber muy bien por qué, unos cuantos amigos se han empeñado en empapelar mi corazón con esa palabra, GRACIAS. Les he repetido, una y otra vez, que yo no he hecho más que ser yo y que el resto lo hicieron cada uno siendo ellos. Pero nada, erre que erre.

Yo estoy feliz. Me veo casi recién llegado, en un restaurante magnífico, rodeado de amigos… y pienso que Dios me cuida. “A Dios no hay que ponerle a prueba” les digo a los niños en el oratorio. A Dios hay que dejarle hacer… Cada persona de las que estaba alrededor de la mesa esta noche era, sin ser muy consciente, la respuesta de Dios a nuestra decisión de dejarlo todo por un sueño. Dejamos casa, dejamos ciudad, dejamos trabajos, dejamos amigos, dejamos familia… Y Dios responde obrando el milagro.

Lo que me apetece ahora es abrazaros a cada uno, sin prisa. Y tal vez, llorar un poquito. Hay confianza como para tener que disimular.

Sigamos amigos, sigamos… El mundo es mejor con vosotros. Todavía nos quedan muchas historias que contar y si no las contamos nosotros… ¿quién lo hará?

Un abrazo fraterno e inmensamente agradecido

Santi

El alivio de mi rosa

Pensé que la había perdido y que nunca más podría mirarle a los ojos. Mi viaje me había llevado tan lejos que, por un instante, creí olvidarme de su fragancia cuando, sentados uno frente al otro, simplemente nos deleitábamos con nuestra amistad.

Ayer me la encontré, escondida entre muchas otras rosas. Estaba temerosa y, en cierta manera, algo irreconocible. ¿Tal vez el miedo a que le arrancaran sus pétalos? ¿Tal vez el miedo a pincharse con las espinas de alguna otra rosa cercana? Yo la reconocí al instante.

Reconozco a mi rosa porque ella me reconoce a mí. La amistad, al final, todo el amor, es un juego de mutuo reconocimiento. Mirar a unos ojos ajenos y descubrir que te están mirando… ¡¿hay algo más maravilloso?! Susurrar y comprobar que vuelve otro susurro de vuelta. Hablar y saber que, ahí, al otro lado, alguien te deja descansar escuchándote…

Ver a mi rosa me ha aliviado. Ella siempre lo consigue. Por eso la quiero. Con ella, soy yo.

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Batalla y espectador

Vives aquí dentro y participas del explosivo espectáculo de la colisión de emociones. Te encanta. Lo disfrutas. La luz clara de la alegría, el ruído del entusiasmo, la suave sombra descendente de la melancolía, la cara oculta de la traición…

Me habitas en lo profundo y, desde ahí, me contemplas siendo yo mismo, cada noche. Te tumbas en el sofá de mi alma y asistes a la batalla de los pensamientos y las sensaciones.

Abróchate el cinturón. Hoy vienen curvas y cualquier exabrupto del corazón puede enviarte fuera de mi galaxia.

Domesticado

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Llega la noche y yo, inquieto y emocionado, me planto, un día más, una noche más, delante del ordenador. Necesito vomitar lo que llevo dentro y, tal vez, llorar un poco.

Quiero llorar por la voz profunda, modulada y cargada de sosiego de Juan Miguel. Quiero llorar por su esfuerzo, por sus párrafos traidores que nunca llegaron a ser vencidos y que, finalmente, fueron doblegados por amor. Quiero llorar por nuestra espectadora más joven.

Quiero llorar por Mª Jesús, por su despertar romántico, por su linda voz, por su dulce engreimiento. Quiero llorar por su corona de flores, por su encantador saltito ante el agua fría, por ser la flor de todas las flores.

Quiero llorar por el rey que nunca consigo ser, por la autoridad que a veces me excedo en imponer. Quiero llorar por la capa que me pusieron, por la imagen que diseñaron, por sentirme coronado de cariño y rico en amistad.

Quiero llorar por el azul vanidoso de Sonsoles, por sus reverencias convincentes, por la Sonsoles que apareció en ese espejito mágico. Quiero llorar por los aplausos que nunca son suficientes, por la vanidad inexistente en su franca mirada.

Quiero llorar por la entrega callada de Andrés, por su vocación probada en el servicio a otros, por emborracharnos a todos de una sensata chispa de vida. Quiero llorar por la mirada admirada de su Martina y por la que va a llegar sin saber el padre genial que la estrechará entre sus brazos.

Quiero llorar por la sonrisa sincera de Javier, por su disponibilidad fiel, por su incombustible entrega. Quiero llorar por su apuesta por venir de la mano de Susana, por su soñar juntos y por querer ser una pareja de cuento de un lado y del otro del telón. Quiero llorar por su imagen caricaturesca del serio atroz que se viste de prima de riesgo.

Quiero llorar por la bufanda de Susana y su alma nítida, blanca, limpia. Quiero llorar por esos ojos lindos con aroma de casa. Quiero llorar por su luz en la oscuridad, por su consigna de ofrecer siempre una salida en paz, un lugar donde descansar, una voz con la que desear quedarse dormido.

Quiero llorar por conocer mundo al lado de Jenny. Quiero llorar por sus ausencias con nombre propio y corta trayectoria. Quiero llorar por querer estar por su hija, por su rostro temeroso de un momento de flaqueza e incomodidad. Quiero llorar por no poder controlar la vida que se abre paso en un planeta inexplorado llamado Tierra.

Quiero llorar por el verde que te quiero verde de Dori, por el zig zag de alguien que pide marcha, por el pelo cardado de alguien que se sabe sublime pese a todas las serpientes que le puedan echar encima. Quiero llorar por su bola del mundo que nos permitió viajar hasta el infinito y más allá.

Quiero llorar por Cristina, por sus zapatitos, su contoneo y sus labios rojos. Quiero llorar por no conformarse con ser coro, por pedir su papel, por querer salir, por aportar, por opinar, por su estar pendiente de todo y todos.

Quiero llorar por el color de las rosas y por traer aire fresco, vendaval, torrente, terremoto… Quiero llorar por su arrebatador atractivo, por su baile seductor, por la brillantina con la que nos maquillaron a todos. Quiero llorar por Estíbaliz, la directora en la sombra; por Elena y su palabra justa y su pensar en los niños; por Rosana y porque con ella Cuba sería libre hace mucho; por el bien-meter de Noelia y la adaptación en tiempo récord de Ángeles.

Quiero llorar por darme cuenta del zorro que Cris ya llevaba dentro desde el minuto uno. Quiero llorar por unas orejas que han sido capaces de escuchar sueños que parecían dormidos. Quiero llorar por su ovillo, por los campos de trigo, por los secretos y por lo invisible. Quiero llorar por mis pelos de punta y por enamorarme de ella un ratito.

Quiero llorar por una mirada tras un objetivo, por las puertas abiertas de Luis, por poner lo que es y lo que sabe al servicio del grupo. Quiero llorar por su música motivadora en el momento clave, por sus vacaciones en Canarias que nos pusieron en marcha, por sus patillas guays y por ser el niño que inspira estas obras.

Quiero llorar por Jesús, por Raúl, por Esther… por ser sin salir, por estar sin aparecer, por ser imprescindibles sin disfraces ni atuendos. Quiero llorar por saberme acompañado, sostenido, arropado, apoyado y comprendido por personas así de buenas.

Y, con el permiso de todos, al final, quiero llorar por los cabellos rubios, por la dulce voz, por la mirada limpia. Quiero llorar por haber visitado mil planetas a su lado. Quiero llorar por su palabra, tras otra palabra, tras otra palabra… Quiero llorar por su coraje de mamá curtida en mil batallas. Quiero llorar por poner voz a lo esencial, por prestarse a ser todos nosotros bajo el traje del niño que nos habita. Quiero llorar en tu hombro Mª Ángeles. Porque eres la rosa a la que elegimos para el papel, porque eres la rosa que nos cautivó desde el comienzo, porque eres la rosa que luchó con su guión y que nos llevó a todos de la mano, porque eres la rosa a la que vimos preocuparse por su traje y su peinado, porque eres la rosa a la que todos quisimos regalar otra rosa… porque, sí, eres nuestra rosa. Para siempre. Quiero llorar porque nos hemos encontrado y porque en el planeta del baobab y los volcanes… nada sucede por casualidad.

Son las 2:20 de la mañana y quisiera que el día no se acabara nunca. La mayoría dormís ya, posiblemente, sin ser conscientes que el mundo es hoy mejor que ayer. Pocos lo saben, es cierto. Pero las verdades no lo son menos porque vivan escondidas a la vista de la muchedumbre. El mundo es mejor porque nosotros somos mejores y porque nunca sabremos la semilla que, sin intención, ha sido plantada en el corazón de alguno de nuestros espectadores. El mundo hoy ha ganado en esperanza. Gracias.

 

El gordo terminó en 5. Adiós 2015.

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Se acaba el 2015. Desde bien pequeño, la influencia “pelín” emotiva de mi madre ha marcado momentos como este: el 2015 ya no volverá. Nunca más lo volveremos a recibir y nunca más lo volveremos a despedir. Cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, cada año… son únicos. He aquí el martilleo inexorable del tiempo.

Miramos atrás con cierta sensación de pérdida cuando el año ha ido bien y llenos de alivio cuando la vida nos ha golpeado con dureza, esperando que el nuevo año sea, al fin, nuestro año. Aún así, creo profundamente que la mejor manera de empezar un año nuevo es agradeciendo lo vivido en el año que se va. Agradecerlo todo, lo doloroso también, porque lo sucedido es signo de que seguimos vivos, de que caminamos hacia adelante, de que tenemos motivos para seguir esperando, para seguir luchando.

Yo comencé el 2015 con 38 años a la espalda, con mi mujer e hijos viviendo en nuestra casa de Carabanchel, en Madrid, donde llevábamos viviendo 13 años. Lo comencé enfrascado en mi carrera de Ingeniería Informática, comenzada en 1994 y todavía sin terminar, algo cansado ya y ciertamente atascado en ese final prolongado que nunca parecía terminar. Comencé el año trabajando en General Electric Healthcare, con la ilusión de llegar a mis 15 años en la compañía en septiembre. Comencé compartiendo fe y vida en la comunidad Belén, de la Fraternidad Escolapia Betania, con hermanos y hermanas que sabían de mí, que me conocían, que me querían… y con los que había tejido vida en los últimos años. Comencé el 2015 participando en el Capítulo Provincial de los Escolapios, con otros 3 laicos, los primeros laicos en un Capítulo de esta Provincia. Comencé el 2015 impactado por la campaña #iNavidadIrak de iMisión y por el ataque de DAESH a nuestra página web. Comencé el año con mi hermano y mi cuñada viviendo en Ferrol, sin trabajo ambos. Comencé el año con mi amiga Pau en Madrid. Comencé el año en Coruña. Comencé el año querido y queriendo.

Termino el año 2015 con un año más, cerca ya de los 40 y llevando con estilo, elegancia y atractivo mis 39 años. Termino el año 2015 viviendo con mi mujer y mis hijos en Salamanca, concretamente en una vivienda dentro del Colegio Calasanz, enfrascados en la importante misión de educar en la fe y en las letras a los niños y jóvenes. Termino el año siendo Ingeniero Informático, con un 9’5 en el proyecto fin de carrera, cumpliendo uno de los objetivos vitales pendientes más importantes de mi vida. Termino el año 2015 estudiando el Máster de Formación de Profesorado de ESO y Bachiller y ya matriculado en el Grado en Ciencias Religiosas. Termino el año con un trabajo nuevo y muy agradecido por lo vivido y aprendido en GE todos estos años, por las personas conocidas y por los amigos hechos. Termino el 2015 con una nueva comunidad conjunta, donde religiosos y laicos intentamos aprender a vivir juntos, a soñar juntos y a construir juntos un entorno fraterno en Salamanca. Termino el año fuera del staff de iMisión tras mucho trabajo y mucha ilusión, satisfecho por lo vivido, por lo recibido y por lo entregado, con nuevos proyectos en Aleteia y manteniendo mi presencia en 13TV y en Radio María. Termino el año con mi hermano y mi cuñada viviendo en Badalona, con trabajo ambos y mucho más felices y contentos. Termino el año con mi amiga Pau en Albacete, pero cerquita como siempre. Termino el año en Badalona, oliendo al Mar donde tantos han fallecido persiguiendo el sueño de vivir en una tierra en paz y de oportunidades. Termino el año querido y queriendo.

Comienzo el 2016 con muchas ganas de impregnar mi corazón de misericordia, con mucha necesidad de recibirla de Dios y de darla a mis hermanos. Comienzo el 2016 sin más objetivo que seguir gastando mi vida donde crea que me pide el Señor, abierto a las sorpresas y dispuesto a disfrutar de cada instante.

Así sea.

 

Atrapa la bandera: #familia unida jamás será vencida

Sábado de cine. Tarde magnífica y muy bien aprovechada viendo en familia el peliculón de Enrique Gato. Porque “Atrapa la bandera” es, para mi gusto, uno de los títulos imprescindibles de este comienzo de curso.

Si alguien me eligiera para escribir la sinopsis de la peli, lo tendría muy claro: “Atrapa la bandera” es una película que habla de la familia y de la amistad; una peli que nos muestra cómo somos mejores junto a otros y que nos enseña el camino para conseguir aquello que nos proponemos: poniendo nuestros dones al servicio. Entretenida, ágil, simpática y vibrante.

atrapa-la-bandera-miniEn los tiempos que corren, es bueno encontrarse con una propuesta cuyo personaje protagonista es una familia: los Goldwing. Es gratificante encontrarse con la idea de que una familia, más allá de las virtudes y defectos de sus miembros individuales, puede combatir el mal que existe en el mundo y hacer de éste un lugar mejor que habitar. Varios puntos me gustaría destacar:

a) Una familia real como protagonista. No es una familia idílica. Tienen problemas. El padre está tremendamente centrado en su misión como astronauta, en su trabajo, y hace de ello el centro de su existencia. Para más inri, el abuelo, que está en una residencia de astronautas veteranos, no se habla con el hijo desde hace muchos años y nunca quiere ver a la familia. Luego tenemos a Mike, que sufre todo esto y que, además, nunca consigue destacar en lo que al surf se refiere, su hobbie. Todos tenemos algún problema en casa, también. La familia perfecta no es aquella que está exenta de dificultades o malentendedidos y desencuentros.

b) Mantener la familia unida requiere esfuerzo. Las familias, lugares de amor, aprendizaje y reposo, se tornan por momentos en lugares donde todo parece romperse y donde los egos particulares juegan con el bienestar común. Mantener la familia unida es un arte, un trabajo que hay que asumir entre todos, aunque puede haber personas concretas que asumen esta tarea como propia. En la peli, la mamá y el pequeño Mike hacen lo indecible por volver a estar todos juntos. No se rinden porque saben que la familia unida es algo de valor incalculable… Aquellos que se piensan que esto se trata de casarse y tirarse a descansar… acaban separándose y el proyecto acaba roto.Atrapa-la-bandera-cohete

c) La película parece recoger la llamada del Papa Francisco de cuidar con especial cariño a dos grupos especialmente maltratados en la actualidad: los niños y los ancianos. Sí, esta es una peli donde los auténticos protagonistas son niños y ancianos. Es gratificante ver propuestas que encuentran en esta especial unión un valor incalculable para la sociedad. ¿Por qué, entonces, nos empeñamos en convertirlos en grupos sin voz? ¿Por qué nuestro sistema no cuenta con ellos?

d) La peli asimila con claridad que en la ancianidad podemos encontrar la sabiduría y la experiencia, imprescindibles para llevar adelante misiones de cualquier tipo. ¿Por qué? Porque ellos ya pasaron por donde los jóvenes empiezan a transitar. Los ancianos son la salvaguarda de la memoria colectiva, aquellos de quién debiéramos de echar mano cuando las cosas se ponen complicadas. Ellos, calificados hoy como “no útiles” para el sistema, cobran una relevancia tremenda en la peli. Los astronautas veteranos son los encargados de formar a los nuevos, de poner a punto la misión. Con menos medios, con una técnica más limitada que el “malo”, con una tecnología más deficiente… pero con el conocimiento conseguido por años de experiencia. ¡Y además en una misión tremendamente preciosa: salvaguardar la “memoria colectiva” de la humanidad ante el intento de aquellos que sólo ven en todo dinero, interés, negocio y poder!

e) La mujer tiene también un lugar de importancia en “Atrapa la bandera”. Por un lado una madre empeñada en mantener la familia unida, que transmite esa idea a la siguiente generación y que se lo enseña con el ejemplo. Lo consigue. Luego, una niña lista, valiente, fiel en la amistad, con sueños de ser periodista, con vocación de dar a conocer a todos lo mejor que pasa en el mundo… que acaba siendo premiada con el título de “primera mujer en pisar la luna”. Heroínas femeninas que se escapan de la estética de princesitas o de feministas. Mujeres que aportan aquello que tienen valioso, sin esperar nada a cambio, con una sensibilidad distinta, con una ternura llena de preciosa feminidad…

f) ¿Y el “malo”? El malo es un empresario… Un hombre que lo que ansía es poder y dinero. Un hombre SIN FAMILIA, sólo, muy en contraste con la “comunidad” de enfrente… Claramente se observa como el ansia de poder y dinero es capaz de convertir a un ser humano en alguien despreciable, sin escrúpulos, manipuladora… Quien ahí se acerca, acaba por quitarle todo valor a la vida humana… No es difícil imaginar cercano a este personaje en los tiempos que corren…Despegamos-Atrapa-bandera_MDSVID20150701_0120_17

g) Y por último, la amistad. Una pandilla genial de tres amigos, dos niños y una niña, que se aprecian, se quieren, pasan tiempo juntos, comparten hobbies, hablan, se aconsejan con prudencia y cariño, se escuchan, se conocen… Una pandilla de amigos sana, donde cada uno puede ser quién es y donde ninguno tiene que pretender ser lo que no es para ser aceptado. Un canto a la autenticidad y a la verdadera amistad, donde cada uno pone en juego los dones que tiene y donde, hasta el que parece más friki, tiene algo importante que aportar. Y preciosa también la llegada del enamoramiento y de una mirada distinta entre los sexos opuestos cuando llega el momento; una amistad que pasa a ser algo más; un beso, que pasa de ser casual para ser premio anhelado…

En definitiva, no dejéis de verla, no os arrepentiréis.

Un abrazo

Mi rosa… mi amiga

Cuando llega la noche, pienso en ti. En tu planeta se ha ido la luz y las plantas han dejado de crecer.

Sentado en esta hamaca que tanto me gustaba de niño, visualizo tu carita y, con cariño, te tomo el rostro entre las manos para darte algo de calor. La oscuridad ha enfriado esos ojillos chisposos y simpáticos con los que ganas todas las batallas…

Yo también sé lo que es el frío y la negrura, esa niebla pesada que parece que todo lo cubre. Precisamente por eso, sé que todo eso es caduco, se va, muere, y un día, tal vez mañana o pasado, el sol vuelve a despertarse de su letargo.

Qué lejos estoy de ti, rosa, y a la vez que cerca me siento. Bien mirado, la negrura nunca será total mientras tú y yo sigamos siendo amigos. Duerme en paz. Hasta mañana.

principito

Carta a Esther, la madre de mis hijos

¡Feliz día mamá! Qué grande ser mamá… y qué alto llevas tú ese honor. Inmersa en tu continua preocupación para que todo esté bien, a veces no te percatas de cómo todo el amor de la familia pivota a tu alrededor. Eres el centro, el núcleo, la esencia.

A tu lado aprendo a ser padre y aunque me creo el mejor padre del mundo, porque soy así de chulito, tú me enseñas continuamente lo dulce que puede ser cada instante si uno se abandona al amor.

No hay nada más importante que lo que juntos hemos construido. No hay obra del Renacimiento ni sinfonía más perfecta que nuestros tres hijos. No existe en el horizonte un plan mejor que consumir la vida a tu lado, sea donde sea, sin miedo, de la mano. ¿Qué no hemos conseguido juntos?

Cuando volváis esta tarde a casa os estaré esperando. No prometo no gritar al rato, llamar la atención a alguien al poco tiempo o pedir que la casa esté mejor recogida… Pero tú me lo perdonas. El amor de una madre es lo más parecido al amor de Dios por cada uno de nosotros.

Te quiero

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