Querido hijo,
como tú bien dices, hoy empiezas “el cole de mayores”. Tus tres años recién cumplidos te permiten una perspectiva de madurez después de tu experiencia en la guardería que ya muchos querríamos tener cada vez que afrontamos algo nuevo en nuestra vida.
Estos días previos han estado llenos de momentos familiares de los que tú todavía no te percatas en exceso pero que, año tras año, aprenderás a valorar. Comprar los babis, los zapatos, ropa de sobra… Tu madre marcando con tu nombre las prendas que van a ser colgadas en tu percha… No sólo es un día especial para ti sino para todos. Por eso no quisimos desdeñar ni un solo segundo de ese ritual tan entrañable del comienzo del cole.

Hoy, al levantarte, rezumabas alegría e ilusión. Creo que éstas son ingrediente imprescindible a la hora de empezar cualquier proyecto. Tú lo haces bien. Te vestiste hablando del patio que estabas por conocer, de los amigos que estás por hacer, de la señorita de la que no sabías su nombre… Lo único que sabías era que tú querías ir a ese cole. ¿Para qué más? Desayunaste en casa, igual que vas a hacer en los próximos… ¡buf!… años. Y allí nos fuimos toda la familia al cole. En pleno. Porque la ocasión lo merece. Porque queríamos estar a tu lado. Porque querías tenernos cerca. Una vez allí, y delante de esas escaleras en las que os tenemos que dejar desde el primer día, nos diste un beso y sin vacilar te fuiste tragando los escalones uno a uno para, una vez arriba, no mirar atrás y dejarte llevar a la que es tu nueva clase.
Tanto tu madre como yo hemos sido buenos estudiantes. Ambos hemos disfrutado del cole, apreciado a los profesores y forjado parte de nuestro futuro entre sus paredes. No podemos decirte nada malo sobre la experiencia. Nada saldrá de nuestra boca ni de nuestra cara que te incite a echarte para atrás. Ir al cole es salir al mundo desde bien pequeño. Es aprender conocimientos, ir creciendo en capacidades, respetar límites, normas y autoridad, poner al servicio de otros lo que uno mejor tiene, descubrir en cada compañero una oportunidad, aprender a ser agradecido a aquellos que se levantan cada día con el único objetivo de ayudarnos a ser mejor de lo que ya somos… Va a ser en el cole donde se forjen las amistades primeras y, posiblemente, las más verdaderas y duraderas. Va a ser en el cole donde puede que descubras el enamoramiento, las primeras caricias, los besos tempranos… El cole es un hervidero de sueños compartidos, de esfuerzos constructivos, de sentimientos apasionados. Llegarán los madrugones, los exámenes, las notas, los suspensos, los aprobados o los sobresalientes. Llegarán las notitas furtivas, los soplos silenciosos, los disgustos y las satisfacciones. ¿No te parece una aventura maravillosa? ¿Dónde se da más?
Tu madre y yo hemos intentando elegir un buen centro para ti. Un centro donde no sólo te transmitan letras sino también piedad, como decía Calasanz. Alguna vez comprenderás y valorarás la tensión con la que unos padres luchan para que sus hijos reciban una educación que esté en sintonía con lo que creen y lo que son. Nosotros hemos tendio suerte. Ojalá aproveches al máximo esta oportunidad desde ya, desde tu clase llena de colores y juguetes hasta que, si las cosas no se tuercen, vuelvas a salir dentro de unos años con otras perspectivas por delante. No tenemos expectativas para ti. Ni planes. Ni preferencias. Sólo queremos que seas feliz, que cada pasito dado por ti, aún sin ser capaces de entenderlo, te acerque a la vida que irás soñando. Intentaremos hacerlo lo mejor posible.
Poco más cariño. Mañana volveremos a llevarte al cole entre risas y canciones y volveremos a emocionarnos al irte a buscar viendo lo a gusto que estás. ¡Qué Dios bendiga este camino y que lo sientas siempre a tu lado! ¡Fuerza y valor!
Un abrazo muy fuerte y muchos besos con sabor a chuche.
Tu padre



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