Carta a Ennio Morricone

20 02 2007

Querido Sr. Morricone,

¡qué placer escribirle! ¿A qué no sabe que sale por los altavoces de mi ordenador en este preciso instante? ¡Las notas de su pieza “Gabriel’s Oboe”, de la película “La Misión”! ¡Cómo agradecérselo!

Después de varias cartas de un claro tono político, ciudadano, hoy me he decidido por escribirle a usted y dar rienda suelta por completo a mis sentimientos. Uno a veces se cansa de escuchar, de razonar, se suponer, de argumentar, de criticar, de planificar, de trabajar, de preveer… Esa vida de adulto es muy cansina, sr. Morricone. A veces uno necesita que el niño que lo habita “salga del armario” y pinte de color la vida. El niño que me habita es un apasionado de la música, de todo tipo de música. El niño que me habita es capaz de estar sentado horas y horas frente a unos altavoces. El niño que me habita, entonces, vuela, baila, se ríe, se estremece, siente… ¡Y eso es maravilloso! ¡Eso no se paga con dinero!
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Descubrí la película “La Misión” no hace mucho. La había visto ya hace muchos años pero descubrirla, lo que se dice descubrirla, hace poco. Desde entonces ha pasado a ser uno de mis filmes favoritos. Y estoy convencido de que su banda sonora, compuesta por usted, tiene mucha culpa. No quiero reducir a unos cuantos piropos todo aquello que me hace sentir Sr. Morricone. Tal vez sólo puedo decir que su pieza central me hace sentir VIVO y como tal, enamorado de la vida y vulnerable. Su oboe me estremece, me sobrecoge. Su oboe eleva mi espíritu y lo lleva de viaje por “las minas últimas de mi ser”, como decía el poeta Pedro Salinas… ¿Cómo se hace sr. Morricone? ¿Cómo se consigue esto? Si es verdad que todo pintor está en su cuadro, que todo poeta está en sus versos y que todo músico está en sus composiciones… perdóneme que le diga que estoy enamorado de usted. Así de claro. Para componer este tema hay que guardar algo especial en el corazón. Algo valioso. Algo que usted ha compartido con la humanidad. Gracias, sr. Morricone.

Me despido diciéndole que hace ya tiempo que he decidido (y comentado con los más cercanos) que esta pieza suene a la hora de mi muerte. Cuando ya no esté, me encantaría que la gente me recordara a través del oboe del P. Gabriel…

Un fuerte abrazo





Carta al Conseller d’Interior de la Generalitat, Sr. Saura

12 02 2007

drogas.jpgRespectat Sr. Saura,

 llevo varios días con el deseo de escribirle encima de mi mesa pero la falta de tiempo no me ha permitido hasta este mismo instante poder sentarme con 5 minutos de “relax intelectual y físico” para gastarlos con usted. También he de decirle que, pese a ser catalanoparlante (la meva mare es de Badalona), le escribiré en castellano por dos razones fundamentales: la primera es que no sé escribir en catalán y la segunda es que el castellano es mi lengua madre y es, pues, la ideal para este tipo de misivas tan ricas en matices.

La semana pasada saltó usted a la palestra pública después de declarar en un programa de TV3 que usted era de la opinión de que había que legalizar todas las drogas. Luego matizó que eso no pretende facilitar su consumo sino luchar contra las mafias del narcotráfico. No está mal para ser Conseller d’Interior. Tampoco quiero sacar las cosas de quicio porque no soy un experto en la materia y porque, además, en un país libre y democrático como éste usted puede tener las opiniones que le parezcan oportunas.  Otra cosa es que sea más o menos responsable decirlas pero ese es otro cantar…

Mi perplejidad va más por otro lado. Estoy confuso. Perdido. En un país convulso porque el vino está en el punto de mira del Gobierno, en el que fumar es casi delito, en el que uno ya está casi perseguido por pedirse una XXL en un Burguer King… en este pais, que un gobierno socialista e intervencionista en exceso pretende convertir en Vegetalandia (hasta que se demuestre que el exceso de zanahorias pigmenta demasiado la piel), ¡usted viene y dice que a legalizar todas las drogas! ¡¿Pero qué es esto?! ¡Es que yo no entiendo nada! ¿Esto de qué se trata? ¿De ser el azmerreir del resto de Europa? Porque a este paso lo vamos a conseguir Sr. Saura…

Y por último sólo decir que nunca el fin puede justificar los medios. Holanda legalizó hace muchos años la prostitución para acabar con las mafias. Todo legal. Pasearse por el barrio Rojo de Amsterdam y ver a aquellas chicas en los escaparates, vendiéndose como si fueran solomillos, es un espectáculo denigrante. Luchemos por acabar con la delincuencia sin sacrificar la dignidad de una sociedad. Creo que algo que no es moralmente bueno ni sano no hay que convertirlo en algo “normal”.  Es mi humilde opinión a la que seguro que hay muchos que contestarían que lo “moralmente bueno” es algo relativo y opinable. Pero con esos relativistas no vale la pena discutir ya que su capacidad intelectual, en muchos casos, es también relativa…

Un saludo





Carta a la ministra de Educación

1 02 2007

Excma. Sra. Cabrera,

sé que no lleva mucho en el cargo y que la controvertida Ley aprobada por su antecesora le ha dejado con mucho trabajo, muchas reuniones y demasiados flecos que matizar para intentar conseguir un gran pacto de Estado en materia educativa. Le escribo porque estoy tremendamente preocupado.

Yo pensaba, ingenuo de mi, que la Selectividad y el acceso a la Universidad (que yo realicé en junio de 1994, ¡hace ya 12 años!) iba a ser el último proceso de esas características que yo tendría que afrontar en mi vida, la última preocupación relacionada con preinscripciones, listas, puntos de acceso, primera opción, segunda opción, etc. Yo no fui alguien que sufrió especialmente aquel trámite e, incluso, lo recuerdo con cariño y bondad ante la problemática del mundo de los adultos en el que ya estoy inmerso. Pero me  equivoqué sra. ministra. Me equivoqué.
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Tengo un niño que cumplirá tres años en septiembre. Se llama Álvaro. Álvaro es alegre, inquieto, bueno, sensible, independiente y extrovertido. Como miembro de una familia religiosa que es, Álvaro sabe rezar, disfruta en misa y habla con Jesús, José de Calasanz y los Reyes Magos. Disfruta en su guardería y hace las delicias de sus maestras. Pero Álvaro no va a poder ir al colegio que sus padres queremos para él.

Transcribo el contenido del artículo 27.3  (Título 1 – cap. II) de la Constitución Española: Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

Sra. ministra, siento que ese derecho que me otorga la Constitución no se lleva a la práctica. Estoy ya inmerso en el proceso de buscar colegio para mi hijo. Tanto mi mujer como yo tenemos claro que queremos que Álvaro vaya a un colegio religioso. Tenemos 4 ó 5 en el barrio. Pero estamos con la mosca detrás de la oreja porque nos tememos que por cuestiones de baremación no vamos a ser admitidos en esos centros. Hay muchas posibilidades que nos toque en un centro público que no nos garantiza ni de lejos que esa formación religiosa y moral que queremos para el niño le sea transmitida. Creemos que es injusto. Y le hacemos llegar nuestra opinión. Vemos cada día con estupefacción a un buen número de alumnos que ingresan en esos centros, por delante de familias como la nuestra, y que luego no comulgan ni con el Ideario del centro, ni con la enseñanza religiosa que se da ni con el estilo y valores que inundan transversalmente toda la vida escolar. No entendemos por qué nuestro derecho es pisoteado por una Ley que no cuenta en absoluto con el deseo de los padres para sus hijos.

Se les llena la boca sra. ministra propagando a los cuatro vientos que los padres podemos elegir el colegio donde queremos que estudien nuestros hijos. Eso es mentira. Mentira.

¿Qué nos recomienda? ¿Qué actitud debemos tomar? ¿Cómo debemos responder como ciudadanos? Mientras respondemos a estas preguntas… nuestros hijos son educados de una manera que no deseamos.

Un cordial saludo